Un torpedo contra la unidad del Régimen del 78


El caso Pujol se suma a otros como Gürtel, Nóos, Bárcenas, Palau, o ERE en el descrédito de las élites.

Por Guillem Martínez @Guillemmartnez

Artículo publicado en Periódico Diagonal el 13/09/2014

¿El caso Pujol es importante? A estas alturas del partido, pues no. Por sí sólo no aporta nada que no aporten los casos Gürtel, Nóos, Bárcenas, Palau, o ERE, un pack que dibuja al Régimen del 78 cuando nadie lo miraba. Es decir, cuando estaba blindado por una cultura –la suya, hegemónica hasta hace poco–, o cuando la crisis no existía, y el reparto del botín era más discreto y, tal vez, más amplio. Quizás, la originalidad de caso Pujol entre todos estos casos que, individualmente o en conjunto, suponen sendos torpedos en la linea de flotación del Régimen, es que los condensa todos. Podría, por tanto, ser la base de la futura constitución federal, o representarnos a todos en el Festival de la OTI.
El Caso Pujol, ese max-mix, ese máximo común divisor, habla de una familia, que posiblemente practica el expolio y el trato ventajoso desde hace más de tres décadas –como en el caso Nóos–, y de financiación de partidos –como en el resto de casos–. Y aquí cabe señalar que con financiación-de-partidos, una alocución que va apareciendo en la sección de sucesos desde los 80 –cuando Tino Casal–, se alude en realidad, al parecer, a una dinámica continuada que tiende a financiar a los cuadros de un partido. Y al coleccionista de todos esos cuadros. Ese pringue que baja desde el vértice hasta la oficialía, sin llegar al cuadro medio-pelo, ilustra una estructura de poder vertical, que explicaría, o al menos ilustraría, por qué los grandes partidos del Régimen suelen ser una balsa de aceite. Son una balsa de aceite porque quien se mueve no sale en los sobres.
¿La corrupción es la esencia del Régimen del 78? Pues no lo creo. La esencia está en varias casillas anteriores. Tal vez en el carácter vertical de los partidos y grupos parlamentarios –la figura local del Secretario de Organización, el pollo que decide quién repite, quién se pira, quién promociona, a quién se le da para el pelo, es sencillamente original e inexportable; junto al concepto ‘sobres’, explica la férrea disciplina y sentido de la responsabilidad de los grandes partidos locales–, y en el sistema electoral local –otro reductor de opciones y de peligros–.
La esencia del Régimen es el pacto secreto, sí. Pero tal vez los pactos secretos esos no son los que habíamos calculado. No aluden tanto a políticas o articularios, como a funcionamientos íntimos. Quizás el pacto secreto en este Régimen deslocalizado –sin soberanía incluso antes de que, con la crisis, se visualizara que en el Sur no ejerce la soberanía ningún poder político–, haya sido el Régimen mismo. No hablar de sí mismo, ocultar bajo el oropel del Estado un negocio consistente en a) hacer lo que te digan, b) conseguir transmitir hacia abajo lo que te digan, mediante sobres –en los niveles más altos–, o mediante cultura –de sargento hacia abajo; gracias a una idea vertical de democracia, en España, o de catalanismo, en Catalunya–. Y, en ese trance, y en los escasos tramos de soberanía, c) pillar cacho.

Corrupción, parte de la máquina

Así explicado, la corrupción no es corrupción. Es parte de un funcionamiento. Es parte de la máquina. Quizás, incluso, es la parte menos llamativa. Una especie de elevalunas eléctrico de ese coche más largo que un día sin pan que es el Régimen. Nadie, en fin, compra un coche por el color, el volumen o las prestaciones de su botón elevalunas.
Otra originalidad del caso Pujol es la beligerancia y el control que el Estado está ejerciendo sobre él. Las fuentes policiales ofrecen datos más concretos del expolio que en otros casos. Se habla, en ese sentido –y siempre según fuentes policiales, una fuente poco fiable por aquí abajo–, de una cantidad que va de los 500 millones a los 5.000. O bien se ha abultado la suma –con 5 millones en la saca, los Pujol serían una de las 100 familias mas ricas de Europa; con 5.000 millones podrían ya comprar Catalunya y hacer, de una vez por todas, un Port Aventura comme il faut–, o bien se ha reducido el monto de otros expolios –como el que explica el caso Bárcenas–.
Quizás esa es la única originalidad del caso Pujol. No tiene Estado que lo relativice, que lo reduzca, que lo canalice. Posiblemente, el caso Pujol, ese caso que no aporta nada, salvo el hecho de que el Régimen del 78 carecía de centro y era una cultura absolutamente compartida en toda la gama de sus usuarios, aporta la sospecha de que el Régimen del 78 es hoy incapaz, no de negociar, sino tan sólo de hablar consigo mismo. No puede reconocer sus anteriores facciones. Es decir, no puede reconocer su anterior unidad.
Esta crisis es una crisis de la democracia europea, una ola liberal en el continente. Los que lo tenían todo, quieren tenerlo absolutamente todo. En España, todo eso se mezcla con fantasías de la derecha local. Pujol, una infanta, un Bárcenas, un cuadro del PSOE pasteleando un ERE, será aprovechado, al parecer, para no ser eso. Para ser un enemigo de la unidad nacional, por fin desenmascarado. No es ni una cosa ni, tal vez, veremos la otra.