Reflexiones políticas sobre España y Cataluña después del 9N


Por Jordi Borja

Publicado en Sin Permiso el 30/11/14

1. España. La realidad no es lo que parece ni lo que será

Un Gobierno que no gobierna y una Oposición que no oposita y que en cuestiones fundamentales como las políticas económicas y la organización del Estado apenas de se distinguen unos de otros. Una Judicatura, incluidos Tribunal Constitucional, Consejo de Estado, Fiscalía, etc., cuyas cúpulas actúan en cuestiones políticas como el Tribunal de Orden público o la Brigada político-social de otros tiempos. Unas Cortes cuyas mayorías son cortesanas de fuerzas opacas (aparatos políticos, grupos económicos) y marcadas por una corrupción que es percibida como generalizada aunque no lo
sea tanto como parece. Unas instituciones que en su conjunto se muestran indiferentes o provocan a Catalunya, uno de los principales motores económicos y culturales del país, hasta conseguir que una gran parte se muestre dispuesta a independizarse o por lo menos lo acepta con tal de cambiar el status actual. El conjunto del entramado político formal mientras tanto ofrece la nada a las preocupaciones y necesidades de los la pueblos de España. Excepto irritación, indignación y deseos de cambios radicales.

Sin embargo la realidad no se limita al espectáculo sórdido de una España valleinclanesca, un ruedo ibérico de navaja y pandereta. Hay una España que se agita, que busca salidas, que no le basta con la abstención a la hora de votar o el “que se vayan todos”. El fenómeno “Podemos” ha sabido expresar y recoger esta aspiración a un cambio profundo, de formas políticas y de contenidos sociales. Quizás estamos pidiendo a Podemos demasiado. Probablemente necesitamos dos, tres, muchos Podemos. La política no soporta el vacío. O se crean “podemos” o vendrán otros, de signos muy distintos que ocuparan el vacío que inevitablemente deben dejar los protagonistas formales del sistema política heredado de la transición.

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