Good bye, Régimen’78


La concentración de tanto poder en el vértice facilita el contacto en la cúspide entre política y empresa

Por Guillem Martínez @Guillemmartnez

Artículo publicado en El País el 04/11/2014

No creo que esto sea ya opinable: el Régimen está en crisis terminal. El lector que me haya seguido hasta esta línea tal vez se está preguntando qué es, básicamente, el Régimen del 78, ese objeto tan poco básico. Si es así, este articulete le ofrece un dibujo de ese ente colapsado, dotado de serie con unas características que, en su grado e intensidad, lo hacen único en Europa.

El Régimen del 78 nace con la 1) Constitución con menos soberanía del continente. Es decir, también la que tiene menos control en sus tratados de integración y, más aún, en los comerciales. Lo que, por cierto, será una juerga en 2015, cuando nos caiga en la frente el Tratado de Libre Comercio —apoyado por PP, PSOE, CiU y UPyD—, esa supeditación del Estado a la empresa, que puede modular el siglo XXI. Bueno. Esa Constitución es 2) un producto de la Guerra Fría / el Pleistoceno, que se consiguió vía 3) cooptación de líderes locales. Cooptación es la palabra fina para explicar que los líderes fueron apelados a su responsabilidad por parte de entidades externas. O, glups, que fueron pagados por ello —en comisión de investigación del Bundestag, las fundaciones socialdemócrata, democristiana, socialcristiana y liberal declararon en 1994 haber entregado a líderes patrios, y solo en los dos años anteriores, una cantidad superior a los 1.700 millones de pesetas—. La cooptación de líderes no garantiza, empero, que su agenda module la política local. Para ello es necesario 4) verticalizar los partidos en beneficio de los cooptados —exemplum: el PSOE, cuando existía, prohibió el voto directo e individual de sus compromisarios congresuales en 1979—. Y, aún así, verticalizar también la política, por ejemplo a través de una figura de difícil traducción en Europa, como es el 5) Secretario de Organización, gran profesional que posibilita que en el trance de votar lo invotable —no sé, el fin del bienestar, la no investigación de la corrupción sanitaria catalana—, no haya disensiones internas, como en otras democracias. La verticalidad, esa descontextualización de la democracia, también recibe una ayuda notoria por parte del 6) sistema electoral, esa joya: listas cerradas, primacía del medio rural sobre el urbano, y un sistema de recuento que asegura mayorías incluso donde ya no quedan. La concentración de tanto poder en el vértice facilita 7) el contacto en la cúspide entre política y empresa —muy intenso: de las 35 empresas que conforman el IBEX, sólo 6 no están reguladas por el Estado—. Es decir, 8) el Estado es el cómplice necesario en los grandes negocios locales, regulados. Una recompensa de la empresa a ese político sensible de ser cooptado, es 9) su paso de la política a la empresa regulada. Otra es la participación de la empresa en la política, a través de, otra vez, 10) la cooptación, como se intuye en el caso Gürtel o, como el juez considera probado, en el caso Ferrovial. Sí, suena mal. Pero, al parecer, los usuarios del Régimen parecen tener asumido que 11) el Estado es un botín, y que ese botín es de quien lo trabaja. A todas esas rarezas democráticas se le deben sumar otros preciosismos, como una 12) escasa separación de poderes —el constitucionalista Javier Pérez Royo, aludiendo a ese hecho en la praxis del Tribunal Constitucional habla explícitamente de un Golpe de Estado del PP—, y 13) fenómenos paranormales, como el CGPJ, esa metáfora, una institución de la que están dotados todos los Estados europeos con pasado fascista, que sirvió en otra democracias, en efecto, para depurar el fascismo de la judicatura, si bien por aquí abajo ha servido para 14) consensuar la prolongación de cosmovisiones reaccionarias.

El Régimen, no era 15) una democracia certera. Pero iba tirando a partir del pacto de la Transición. Pacto de la etcétera, sinopsis poco épica: 16) os damos Bienestar y nos quedamos con el resto. El pacto 17) murió así con la reforma constitucional exprés, el fin del Bienestar, la forma de democracia en la Europa de postguerra. De aquellos pactos de los 70′s, la ley con la que se nos da la brasa y que fija que cualquier cambio es inamovible, sólo queda inamovible, por transmisión, cooptación o interiorización de los líderes, 18) la deslocalización de la política, en Europa y otras entidades ajenas. Y una serie de dinámicas propias —ver puntos 1-14)—. El Régimen está muerto pero, como los zombis ,aún muerde —ver otra vez puntos 1-14)—.

El Régimen, no ha sabido custodiar la democracia/el Bienestar. Tampoco —puntos 1-14—, ese fue su gran negociado. Solo ha sabido, y muy bien, custodiarse a sí mismo. Es decir, también a las empresas reguladas que ha rescatado, invirtiendo en ello el grueso de los recursos. En esta crisis ha carecido de empatía social. Desde 2011 no ha reaccionado ante ninguna demanda ciudadana. Pero eso ha cambiado hace tan solo pocos días.

Hace pocos días se filtró que el último informe de CIS da como primera intención de voto directo a Podemos. Un Régimen que hace dos años que tiene 19) su Congreso aislado y rodeado de vallas policiales, de pronto, inusitadamente, —y, tachan-tachán, 20)— tiene miedo.