Lo(s) Presente(s)


Texto de Gala Pin, blog


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Últimamente parece que hay que tener respuestas para todo. Respuestas, posiciones, afirmaciones. Y yo lo que tengo son dudas, intuiciones, certezas, más dudas, preguntas, muchas preguntas, esperanzas, constataciones revocables. Preguntas que se resuelven caminando, haciendo. La política del hacer, de la efectividad, de la afectividad. Me falta en Guanyem lo que aun no se le puede pedir: cuerpo(s). La política del hacer con el cuerpo para que te atraviese y deje de ser de otros, para ser tuya de manera colectiva.

Dudas, errores, incógnitas, miles de preguntas. Vértigos, ritmos vertiginosos, imputs, miles de imputs. La memoria, entre la generosidad y el perdón. Fronteras tan difusas como infranqueables. La falta de autocrítica. Hacia afuera parecemos un cuerpo compacto, hacia dentro no somo nada porque todo está por hacer: no hay un adentro y un afuera. Y mientras, la realidad impone sus ritmos, la gente sus posiciones prefijadas, pero también sus experiencias vividas que son cuerpo y con-forman. No hay lugar para el perdón, los intersticios de la ilusión y la esperanza. Hacer un proceso público y transparente, cómo se hace, cómo se hace la miseria de la micropolítica de manera pública y transparente para que, si bien no dejará de ser micropolítica, deje de ser miseria. Más dudas. Lo más importante no es no equivocarse, sino reconocer el error y saber rectificar. Exigencias, preguntas, ánimos, mails, tuits, sonrisas desconocidas en medio de una calle inesperada. La sensación continua de notar, palpar tus limitaciones mentales, saber que te va grande; la certeza de que se tiene que hacer. Que va grande porque las cosas enormes se hacen desde los pequeños gestos. Uno detrás, al lado, superpuesto al otro, debajo, en medio, hasta que no se pueden distinguir entre ellos. Hasta que va más allá de aquello que creíste construir. La generosidad. Miedo, el miedo no es malo porque alerta. Impulsos de temeridad. Balanceo de peonza en posicionamientos y afirmacions, mapa de equilibrios e intuiciones, horizontes de objetivos concretos y de metas desenfocadas porque aun no hay objetivo desde el que enfocar. La testura de la piel del otro. Entender, se puede entender todo, no es una cuestión de capacidad intelectual, es una cuestión de actitud. Inventar lo nuevo, precisamente porque lo nuevo ya existe requiere más imaginación de la que imaginábamos. “Cuando no tienes imaginación, tiras de memoria”. El peligro de repetir, repetir no para transformar, sino para maquillar.

Es urgente. Es necesario. “No creo en el mito de la urgencia”. Yo tampoco, no creo en él: lo vivo, no es un mito, es una realidad. Hay que hacerlo entre todos. Quiénes somos ese todos. Los todos de las Barcelonas, si no hay diversidad, pluralidad, me quedo en la calle. El pánico a la empatía de la dinámicas que te absorven. La necesidad vivencial de la realidad que nos ha llevado hasta aquí para poder seguir un camino que se empieza a caminar. Si no voy contigo, no voy, si ellos no vienen, nos volvemos. Quiénes son ellos… La estúpida reducción de la idea de la confluencia al hecho de que los malos son muy malos. Sí, pero la gente no es idiota. Si es desde ahí, hagámoslos caer, pero no nos planteemos ganar. Y es que no es desde ahí, no puede serlo. Es consecuencia real (cómo hecho de menos los matices del alemán, “real” de Wirklichkeit, no de Realität). “Aprenderemos mucho”, la pregunta es si podemos, pueden, podéis desaprender, desaprender para recorrer y abrir nuevos caminos. Las aristas de la generosidad.

Desconcierto. Me aburre mi propio desconcierto. Sopesar (que es pesar despacito) las opciones, las posibilidades, las oportunidades. Los retos. Los peligros. Quien no arriesga no gana. Se trata de que ganemos todos. Ese todos que (aun) no se puede tocar. Se intuye, se percibe. Se autoafirma irremediablemente, al margen de cualquier plan trazado.
La autocrítica. La que no llega, la que te hacen otros, la impensable desde la banalización a “los malos eran otros”. La propia. La escucha, una escucha incesante que puede volverse sordera. La biopolítica de cada sujeto, actor, perfil imaginado, dibujado, proyectado. Encontrado y aun por conocer.

Ójala la vida fuera lineal. El emerger de un deseo de linealidad gatopardesca para después salir huyendo en dirección contraria. Los nuevos sentidos comunes. Focalizar en “lo nuevo”, “lo viejo”; y el riesgo de desplazar lo presente. Lo que se toca, donde estamos, aquello que conforma la(s) mirada(s).
Los tiempos de excepcionalidad. La excepcionalidad de nuestra vida cotidiana que no es replicable si queremos construir la normalidad con el 99%. Los retos. Entre la valentía y la temeridad.

La mirada. Al final (y al principio), todo es una cuestión de actitud. No perder el norte. Para no perder el norte hay que tener orientación. Las brújulas hechas añicos. “Si perdemos el norte, siempre nos quedará el sur”.
Mirar por los agujeritos de los telegrams y los guasaps, frenetismo, realidades paralelas que son idénticas en sí mismas. Reflejos a veces del espejo del Callejón del Gato, a veces de las fragilidades; otras del no querer ver el reflejo de uno mismo. Los recovecos de la humildad.
La vivencia irrefrenable de no tener tiempo para pensar, condena sísifica. Y mientras, las bases para una rebelión de las penélopes cansadas de destejer lo tejido, de que se les arrebate.

Lo extraño de la obviedad: en momentos convulsos siempre me vienen a la mente imágenes de la mitología griega. Todo está por inventar, sobre un mismo punto de partida: la condición humana. Esa que es inexcrutable.

De momento, paciencia. Escucha. Miradas. Errores. Dudas. Y sobre todo, presentes, lo presente, que es presencia, el hacer.