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El barrio y el distrito

Crónica de autor de Violeta Kovacsics @violetakg

“Más que una crisis, estamos viviendo una época de cambio”. Autor de esta frase: Joan Subirats, tomó la palabra el 9 de septiembre, en la plaza del Consell de la Vila de Sarrià. Evocó, antes que nada, algunos recuerdos de su vida en el barrio, desde su paso por la AMPA de la escuela Orlandai a la Fiesta Mayor.
La tarde arrancó con imprevistos elementos de atrezzo en el centro de la plaza. Los bancos estaban acabados de pintar y algunas baldosas recién arregladas. Todo parecía indicar que molestábamos a alguien. O que alguien pensó que íbamos a ser una molestia. Sin embargo, los oportunos arreglos de aquel mismo día no impidieron que se celebrase el acto. Tampoco que los niños tomasen asiento antes que nadie. Las nubes amenazaban con convertir el cielo azul en una emborronada mancha gris, pero terminaron por hacer gala de una cortesía excelente: las gotas no cayeron hasta que el debate puso su punto y final.

“No me gusta hablar del distrito”, repitió Rai Carreras, que intervino con el ánimo encendido y con ganas de reivindicar el barrio por encima del distrito. El encuentro se celebró en Sarrià, pero a lo largo de la tarde-noche aparecieron las preocupaciones y singularidades de barrios y zonas distintas. De Vallvidrera al Putxet, a cada intervención del público, los espacios y la gente de Sarrià-Sant Gervasi apelaba a sus diferencias desde un mismo ánimo: el de la reivindicación. Los temas eran tan variados como comunes: el turismo como chantaje, devolver los espacios públicos a la gente… “Que haya mecanismos para la presencia de la gente, algo que tecnológicamente es cada vez más posible”, apuntó Subirats; “la plaza es de todos y de todas”, dijo Ada Colau. Y una frase por encima de cualquier otra: “queremos recuperar la ciudad”.

Sarrià funcionó como síntoma de una Barcelona desigual y de la fuerza de los barrios. “La esperanza de vida es 4 años mayor que en Ciutat Vella en los años de crisis”, comentó Carreras, “la renta per cápita ha bajado en Nou Barris y ha subido en Sarrià”. Su discurso fue ejemplar: por su voluntad de reivindicar el espíritu propio e indómito de su barrio desde la crítica. Antes que cayesen unas tímidas gotas, el atardecer y el encuentro se cerraron con la actuación del Pèsol Feréstec, que puso la nota musical y lírica a la reivindicativa velada con un poema musicado (leído, recitado, conversado) de Blai Bonet. Con la noche cayendo ya sobre el público, el momento musical resumió buena parte de la tarde: la plaza cobró vida, el barrio apeló al íntimo espíritu de los pueblos, y la melodía se mezcló con la sonoridad dulce y juguetona de los versos de Bonet.

Unos días después de las manifestaciones en la Barceloneta en contra del turismo incívico, al otro extremo de la ciudad, en el centro de Sarrià, se oían, en tono crítico, frases como esta: “el jefe de distrito dice que aquí no tenemos turismo y que lo queremos”. Ni tan lejos ni tan cerca. Sarrià funcionó como síntoma: de una Barcelona que puede ser rica gracias al encuentro y a la diferencia.

Fotos: David Samaranch