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Música y compromiso en Barcelona

Crónica de autor: Homera Ros @h_roset

Son las siete de la tarde y el Harlem Jazz Club está prácticamente lleno. Desde el escenario, en la penumbra, el cantautor Quico Pi de la Serra suelta un contundente: “Yo no luché contra el franquismo para vivir en esta mierda”. No se trata de ningún concierto. Es un acto de Guanyem Barcelona, que cierra, con un encuentro con el mundo de la música y la cultura, un intenso mes de julio lleno de visitas a barrios emblemáticos de la ciudad. En la calle llueve.
Marcelo Expósito, coordinador del Eje de Cultura de Guanyem, centra el debate desde el principio: “La cultura no puede ser solo en sí misma, sino que tiene que pensar en los problemas del conjunto de la sociedad”. Y, para ser más gráfico, evoca algunas imágenes (Josep Renau, director general de Bellas Artes, salvando las obras del Museo del Prado durante la Guerra Civil; el concierto antifranquista de Raimon, Ovidi Montllor y Quico Pi de la Serra en el Palau de la Música en 1968), y las  contrapone al actual expolio cultural y de derechos. En Madrid y en Barcelona. “¿Volveremos a proyectar una imagen de la cultura como instrumento de emancipación?”, se pregunta. Quico responde a su manera: “Si todo esto no experimenta una catarsis, dejaremos una herencia de mierda a nuestros hijos”. Y recuerda los ejemplos de Cuba o Venezuela, que cuestionan la victoria del capitalismo que algunos todavía pregonan. Rabia y optimismo de la mano.


Al interrogante lanzado al inicio del encuentro por Ada Colau sobre si vale la pena trasladar la unión de la calle a las instituciones, el también músico Joan Vinyals responde con un rotundo “sí”. Después de muchos años batallando para dignificar su profesión, se declara convencido de que ya es hora de “recuperar Barcelona” y acabar con la “manipulación” que el poder ejerce sobre la cultura —igual que lo hace en otros ámbitos de la vida de las personas— a golpe de subvenciones. Pero, además de manipulador, el poder es represor, y la artista Ingrid de la Torre lo sabe muy bien. Ella y su compañero están rodando un documental —Sin Permiso— sobre la represión que sufren los artistas en la calle, represión que ambos han vivido en su propia piel, pues durante el rodaje han sido denunciados y multados. “Si no hacemos piña estamos solos y solas”, asegura después de explicar que han impulsado un Verkami para financiar el proyecto.


Cuando llega el turno del público, los músicos de la calle acaparan el micrófono. Están cabreados y con razón. La Guardia Urbana les requisa y destruye sus instrumentos, y también hace añicos su forma de ganarse la vida. “Vivimos en una dictadura”, dice Ingrid, que recuerda lo diferentes que eran las cosas hace trece años, cuando llegó a esta ciudad. “Ahora, en la calle somos tan vulnerables que pueden hacer con nosotros lo que quieran”. Ada recoge el guante al final: “Está claro que una de las primeras medidas que impulsaremos será la derogación de la Ordenanza Cívica”. Pero también recuerda que no basta con “ganar el Ayuntamiento” y que “tenemos que tener siempre presente que nuestra fuerza es la gente”. La organizada y la simplemente indignada.

Todo esto pasó el lunes 28 de julio en el Harlem Jazz Club de Barcelona. Bajo el título de “Música y compromiso en Barcelona”, la convocatoria reunió, a pesar de la lluvia, a cerca de 150 personas en este rincón mítico de la ciudad. La compañía fue grata y la cerveza, gratis.

Dibuixos: Sergio Espín @3eses

Fotos: David Samaranch @davidsamaranch i Cristina Mañas @cmanas

>> Video completo de la presentación en el Harlem Jazz Club disponible aquí