Confianza y revolución democrática


Por Josep María Montaner

Publicado en El País el 31/12/14

El primer día del 2015 nos trae deseos para la vida social del nuevo año. En nuestra condición contemporánea, caracterizada por la complejidad, la conflictividad y la incertidumbre, una de las claves para avanzar es recuperar la confianza, clave de la política. Y hoy no nos sirven interpretaciones universales, unívocas, inmutables y dogmáticas: la confianza perdida se recupera desde las complicidades y solidaridades reales y locales, y desde un nuevo tipo de política con la participación intensa de la ciudadanía.

Porque si en algo ha destacado el 2014 ha sido en el hundimiento de la confianza en nuestros gobernantes y en una parte de la clase política, que ha evidenciado su corrupción sin límites y su enriquecimiento ilícito. El punto máximo de este proceso de desencanto se dio en verano al hacerse públicas las trampas con Hacienda del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol, y al aflorar todas las irregularidades de su familia, empezando por algo que por ya sabido, como las presuntas comisiones del 3% al 6% por ciento, no ha dejado de tener un efecto moral devastador en la sociedad catalana. Si la política se basa en la confianza puesta en que los gobernantes que nos representan sabrán afrontar los conflictos, este año no ha podido ser más decepcionante.

Ciertamente se salvan algunos jueces y políticos honestos, pero nuestra confianza en ciertas instituciones no puede haber caído más abajo. La mayoría de los bancos no sólo han demostrado que no nos podemos fiar de ellos, sino que han dejado claro que se han dedicado durante años a estafar a bastantes de sus clientes con hipotecas abusivas, preferentes y otros productos tóxicos. Incluso ya dentro de la crisis, y con el rescate hecho con dinero público, han dilapidado los fondos en beneficio de unos pocos personajes pretendidamente respetables. Y la gran mayoría de las grandes obras públicas de la época de vacas gordas dedicaron una parte sustancial a la corrupción y a los desmanes.

El sociólogo Niklas Luhmann insistía en su libro Confianza (1968) en que la ésta es la clave del avance en nuestras sociedades: la confianza constituye una forma efectiva de reducción de la complejidad, es una operación de voluntad, aumenta la tolerancia a la incertidumbre y se expresa en la solidaridad del grupo. Y el filósofo Byung-Chul Han, en su crítica a La sociedad de la transparencia (2012), relaciona la exigencia de transparencia a la total pérdida de confianza. Según su visión hipercrítica, neoheideggeriana y nihilista, el control panóptico digital nunca podrá substituir la confianza, que es la que ha producido espacios libres y de acción.

En todo caso, uno de los objetivos de este año debería ser empezar a reconstruir la confianza, y para ello es necesario un cambio democrático, que conlleve la revisión de la Constitución y el relevo de gran parte de la clase política, de unas generaciones que ya han dado todo de sí y que han agotado los recursos, la paciencia y la confianza del país con sus mentiras. Una revolución democrática, que se base en una recuperación de la confianza, solo se puede producir donde es posible la verdad.

En este sentido nuestro país tiene la gran suerte de que la alternativa la representen personas como Pablo Iglesias, y todo el equipo y los delegados y delegadas de Podemos, y Ada Colau y toda la red que aglutina y entreteje de los diversos partidos, grupos y activismos barceloneses en la plataforma de confluencia Guanyem Barcelona. De ahí puede arrancar el cambio democrático y la recuperación de la confianza, partiendo de unos códigos éticos ya aprobados. De los jóvenes motivados, formados en nuestras universidades públicas, que luchan por una sociedad en la que tengan el lugar que les corresponde. Y de Ada Colau y una PAH (Plataforma de Afectados por las Hipotecas) que han conseguido el efecto desculpabilizador de que lo que fuera vivido como una derrota, el no poder pagar la hipoteca o el alquiler, no se perciba como pobreza sino como injusticia.

La recuperación de la confianza en sí mismos y la potenciación de la solidaridad que ha impulsado la PAH en toda España es un buen punto de partida para la recuperación de la confianza en la política. Y no es casual que los diversos Podemos surjan de los indignados del 15M y del eslogan de la PAH: “Si se puede”. La recuperación de la confianza radica en el empoderamiento de las personas, el protagonismo de la ciudadanía, la insistencia de los movimientos feministas y ecologistas, el empuje de las asociaciones vecinales y urbanas, el activismo de todo tipo de colectivos y el auge de la economía cooperativa.

Es esta conciencia de que no todo está perdido en el agujero del neoliberalismo, el consumismo y la deuda, sino que hay una revolución pendiente, que es posible ir haciendo cada día, como apuntaba Marina Garcés en estas páginas hace pocos días, lo que podemos ver en el horizonte del nuevo año. Por lo tanto: ¡Los mejores augurios para el 2015!