Concretar la revolución democrática


Por Ada Colau @AdaColau

Publicado en Público el 05/12/14

Vivimos tiempos agitados. Nos desayunamos cada día con nuevos detalles de algún caso de corrupción y eso, por supuesto, genera indignación. Pero la indignación no es suficiente y si no se genera una alternativa posible, la corrupción generalizada provoca impotencia y sensación de fatalismo, de que no hay nada que hacer. Cuántas veces habremos escuchado eso de “este es un país de pillos”. Al corrupto le interesa convencernos de que todos somos potencialmente corruptos para generar tolerancia e incluso complicidad. Sólo así se explican fenómenos paranormales como el apoyo ciudadano al PP en la comunidad valenciana, el aguante de CiU en Catalunya, o que el propio Rajoy siga siendo presidente.Y si añadimos unas leyes que garantizan la casi impunidad, la corrupción perpetua está servida.

Sin embargo, tras años de consumismo y despolitización, la ciudadanía ha dicho basta y se ha puesto manos a la obra. Una revolución democrática recorre el país no sólo para echar a la mafia de nuestras instituciones, sino para cambiar las reglas del juego, para que ninguna otra mafia sea posible. En la calle ya hace tiempo que se exige acabar con los privilegios de la alta política, y en los últimos años hemos visto circular cadenas de whatsapps y mails proponiendo la limitación de sueldos y mandatos, la eliminación de dietas y pensiones vitalicias o el cierre del Senado, entre otras.

En el centro de este debate a menudo ha salido el tema de los sueldos, que ha centralizado la discusión y la ha simplificado en exceso, pero en cualquier caso se ha convertido en un símbolo. Guanyem Barcelona acaba de aprobar un Código Ético que habla de limitar sueldos, pero también de muchas otras cosas. De hecho, propone 25 medidas concretas agrupadas en tres bloques: fiscalización y rendición de cuentas; financiación y transparencia; medias contra la corrupción y la excesiva profesionalización de la política. Por supuesto no somos los primeros ni los únicos; distintas formaciones lo han estado planteando en los últimos años (las CUP, Bildu o ANOVA, entre otros) y en las últimas elecciones europeas el tema asumió plena centralidad con propuestas nuevas como el Partido X y muy especialmente, por su irrupción y rápida hegemonía, Podemos.

Pero hablemos de los sueldos. Sin demagogia pero con ambición, la revolución democrática exige concreción para ser creíble y por algún sitio hay que empezar. Personalmente nunca he querido opinar sobre el tema. En la medida en que se me ha pedido que esté dispuesta a ser candidata en Guanyem Barcelona, creo que no debo posicionarme a favor de ninguna cantidad, sino simplemente obedecer lo que decida la mayoría. Mientras me permita pagar las facturas y vivir dignamente, bien estará lo que se decida. Tras un amplio proceso participativo, la gente ha establecido un sueldo de 2.200 euros. Que así sea.

Sobre lo que sí quiero opinar es sobre el proceso que se ha seguido: algunas personas consideran que 2.200 euros al mes es demasiado, y tienen razones de peso, como por ejemplo que la mitad de la población vive con 1.000 euros o menos al mes. Esto más que un dato contundente, es un auténtico bofetón de realidad. Otras personas consideran que es demasiado poco, y también tienen razones de peso, como que no debemos resignarnos a la precariedad y justificar sueldos de miseria, y que si no garantizamos un sueldo que al menos sea equiparable al de la escala salarial de la administración, será imposible conseguir a buenos profesionales que asuman grandes responsabilidades y grandes cargas de trabajo. Ambas razones me parecen sensatas… ¿y entonces? ¿cómo lo resolvemos? Sólo hay un modo: dialogando, participando en los procesos de debate, cediendo en parte para poder lograr amplios consensos. Co-responsabilizándonos.

En cualquier caso, a quienes no les guste que el sueldo máximo fijado sea de 2.200 euros, ya sea porque les parece demasiado, o demasiado poco, yo les diría: que el árbol no nos impida ver el bosque. El sueldo que fija Guanyem Barcelona es al menos un 40% más bajo del que tienen los concejales actualmente en el Ayuntamiento de Barcelona. Pero es que además el código habla de muchas otras medidas, y más relevantes, como prohibir cualquier tipo de sobresueldo encubierto o dieta, no permitir acumulación de cargos, obligar a publicar la agenda, el patrimonio y todos los ingresos, mecanismos efectivos de rendición de cuentas, y un largo etcétera que implica una novedad radical: cambiar las reglas del juego para que nadie pueda estar en política para enriquecerse o aprovecharse, sino que esté por vocación de servicio al bien común. Eso, a mi modo de ver, es lo que importa.

Además, hay que tener en cuenta que este código se aprueba después de largas deliberaciones que se han hecho de forma pública y transparente, donde todo el mundo ha podido participar, tanto presencialmente como a través de la web. Y además se han hecho grandes esfuerzos para que lo suscriban varios actores políticos que ya estaban debatiendo medidas similares, como son Podemos Barcelona, ICV, EUiA y Procès Constituent.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, si alguien cree que no se debe validar un código ético por 200 o 500 euros más o menos en un sueldo, creo que le está regalando el debate a aquellos que quieren que nada cambie, que todo siga igual. El código ético que está promoviendo Guanyem estos días bebe de otras experiencias pero no tiene precedente en la ciudad de Barcelona: no hay ninguna fuerza que actualmente tenga representación en el Ayuntamiento que cumpla ni un 10% de lo que estamos proponiendo. Sin embargo, el debate ciudadano que está generando el proceso de elaboración del código, ya está logrando que algunas de esas formaciones se planteen asumir algunas de las medidas que contiene. Aunque insuficiente, esa es ya una pequeña victoria, una forma concreta de ganar, que nos anima a ir a por más.

Si queremos transformar la realidad y democratizar nuestras instituciones, tenemos que ganar elecciones. Si queremos ganar, tenemos que ponernos de acuerdo con mucha gente diferente. En este proceso, será fundamental saber distinguir las cuestiones de principios irrenunciables, y las cuestiones menores en las que podemos transigir en parte. Es decir, que lo anecdótico no se imponga a lo esencial. Se trata de recuperar la política para poder echar a los corruptos, parar los desahucios, acabar con la malnutrición, garantizar servicios básicos y, en general, poner los recursos al servicio de la vida y de la mayoría de la población. Un código ético no lo resolverá todo, pero es un buen inicio y la prueba del algodón es que ni el alcade Trias, ni el president Mas, ni el presidente Rajoy lo firmarían. Para ellos sería un suicidio. Para nosotros, la gente sencilla, un buen comienzo. Gracias a toda la gente que lo está haciendo posible.