Batcelona


Per Jaume Sardà @jaumesarda10

Pongamos que hablo de… Gotham, una ciudad gris donde el crimen organizado se mueve a sus anchas; una ciudad donde los lobbies financieros cierran negocios desde los despachos de las instituciones políticas; una ciudad donde la corrupción está a la orden del día y los intereses privados prevalecen por delante del interés común; una ciudad de villanos y de falsos urbanistas. ¿Les suena el…“Barcelona es la ciudad que lleva el nombre de nuestro club”?

Si la realidad no supera la ficción, por lo menos la equipara. Barcelona es una ciudad maravillosa que, hoy por hoy, está secuestrada por unos lobbies económicos que se mueven en absoluta impunidad, debido a la irresponsable gestión municipal de Convergencia i Unió, Xavier Trias y los anteriores gobiernos del PSC. Los proyectos de ciudad se orquestan entre bastidores, y el ciudadano a pie de calle no tiene mecanismos para alzar la voz: véase la gestión del agua, la mafia presente en el puerto y el turismo hiperbólico que tanto daño hace a la convivencia vecinal en los barrios.

Barcelona es una ciudad de contrastes socioeconómicos bastante notables. Los barrios más ricos son los que más participan en política y los barrios más pobres son los que menos. Parece evidente que se cumple el principio de desigualdad clásico: a mayor desigualdad económica, mayor desigualdad de participación política. Las consecuencias negativas de este principio son terribles y demoledoras en términos de calidad democrática, ya que rápidamente se produce una relación clientelar entre representado y representante. Los políticos elegidos lo son precisamente por los votos de los ciudadanos de los barrios ricos y, de ese modo, tienen la percepción de que deben satisfacer las demandas de aquellos que les han votado si quieren seguir contando con su apoyo, mientras la ciudadanía con menos recursos queda en la sombra. Absolutamente pernicioso.

Comparemos: el barrio de Sant Gervasi es seis veces más rico que Torre Baró, el barrio más pobre; la diferencia en la esperanza de vida entre uno y otro es de ocho años, y así hasta un sinfín de comparativas estremecedoras. Lo relevante de estos datos es que son estables y han perdurado durante un periodo de treinta años, lo cual marca como evidente el fracaso aplastante de las políticas municipales que se han implementado por parte de los partidos que han gobernado el Ajuntament.
¿A dónde voy a parar? el mantenimiento de un sistema en el que la desigualdad afecta negativamente a la práctica y al desarrollo de la democracia es inadmisible. Es inadmisible que la gente más afectada por la crisis sea la que más desafección siente hacia la política.

En Gotham, no hay motivo por el que preocuparse: si las cosas se ponen feas, proyectamos una señal en lo alto del cielo y Batman nos soluciona la encrucijada, todo un auténtico héroe y un inequívoco salvador de la ciudad . Pero no estamos en esas.

Caído el Muro de Berlín, Fukuyama afirmaba en The End of History and the Last Man que se habían acabado las ideologías, el capitalismo había ganado y habíamos llegado al fin de la historia. Si bien es cierto que, durante estas dos últimas décadas, la ciudadanía se ha parecido a esa masa anestesiada de la ciudad de Gotham, o en términos más académicos, se ha asemejado a esa sociedad desencantada reproducida por Max Weber en su jaula de hierro. Hagamos pedagogía: no es culpa nuestra, al poder le ha venido muy bien esta desconexión política para enriquecerse. La mejor forma para lucrarse es tener a la ciudadanía lejos de los despachos y para eso es de vital importancia mantenerla dormida. A día de hoy, hemos sufrido las consecuencias más duras de esta crisis económica y ahora se nos presenta una gran oportunidad.

En contra de soluciones fabulosas, fantásticas y mágicas, una parte de la ciudadanía siempre ha apostado por reforzar el tejido asociativo y el cooperativismo basado en la práctica diaria. Los movimientos vecinales de Barcelona tienen una larga experiencia y sus miembros/as, una gran formación cualificada que ha alcanzado un grado de elaboración intelectual insólito hasta la fecha. Hoy por hoy no solo tiene capacidad de crítica, sino también de análisis y de propuesta, de diseñar alternativas creíbles y factibles.

Barcelona no es Gotham y no va a venir ningún héroe enmascarado a salvarnos, pero si la ciudadanía no se organiza será difícil revertir las condiciones sociales existentes. Es imposible desdramatizar lo que sucede: con la cantidad de pisos vacíos que hay, cada día se desalojan familias y se tiran a la basura cantidades inmensas de comida para mantener los precios mientras crece la desnutrición infantil. Del mismo modo, los más jóvenes no encuentran salida en el mundo laboral, y muchos buscan una oportunidad fuera de la ciudad.

En esta tesitura ha estallado la rebelión democrática: el 15 de Mayo de 2011 una gran parte de la ciudadanía se personó en la Plaça Catalunya para reivindicar un cambio de modelo que dejase atrás las viejas maneras de hacer política, se crearon una gran cantidad de plataformas y movimientos en defensa del bien común: educación, sanidad, vivienda, etc, y lo mejor de todo es que estamos más preparados que nunca. Concretamente en Cataluña, ante el resquebrajamiento del bipartidismo y la irrupción de nuevas formaciones, con el objetivo de cambiar el ánimo de los ciudadanos de esta ciudad, se vive un proceso que ha activado a mucha gente que llevaba años desconectada.

Este cúmulo de circunstancias deja espacio y oportunidad a que la ciudadanía se organice y acuda a las asambleas de sus barrios, para tratar aquello que les afecte más cercanamente. Hay que dejar que los verdaderos héroes y heroínas de esta ciudad acudan a su propio rescate con pequeñas grandes victorias.

Es el momento de que los focos apunten a la ciudadanía y que ésta sea la protagonista de la película. Luces, cámara… acción.