¿Dónde vive nuestro amigo marco?


Por Guillem Martínez @Guillemmartnez

Publicado en El País el 09/11/14

9-N. República Federal de Gràcia. Me voy a ver lo que pasa. Algo difícil cuando no se sabe lo que pasa. Verbigracia: el politólogo Aitor Carr, hace escasas horas que ha dibujado lo que pasa a través de esta frase: “No sabes si el 9-N es un acto de desobediencia o un desfogue colectivo pactado para mantener la agenda de PP i CiU”.

Respecto al acto de desobediencia, se respira, en efecto, en el ambiente. Hay algo raro y rebelde, difuso y que será difícil dilucidar en una consulta difusa, en una consulta que no es una consulta, pero que es consulta, en otro jalón con final abierto. El pacto secreto también se respira en el ambiente. De hecho, se respira, si se fijan, desde hace casi cuatro décadas. El sábado, en ese sentido, se conocían las negociaciones de Rigol con PP y PSOE, y que tal vez hayan posibilitado que el Estado haya decidido no intensificar la vía Weyler (capitán general gore de Cuba que hizo independentistas a los cubanos) de solución de conflictos políticos. A cambio, claro, de algo. El Estado, como la UDEF, nunca hace nada por nada. Bueno. República Federal de Gràcia. Paseo.

Por la calle circula la graciedad endomingada. Nota: muy pocas personas con banderitas en la equipación, lo que puede ser un indicio de que el exceso de banderas se soluciona hablando del tema / votando. Los colegios están repletos. Hay alguna cola de más de 100 metros. Espectacular. Si bien el hecho de que hoy haya menos mesas que en unas elecciones normales —la mitad, según me comunica un corresponsal extranjero—, despista.

Café en un local próximo a un cole. En las mesas se repite un grupo humano formado por papá, mamá, hijo pequeño e hijo adolescente. EL hijo adolesente les comunica, vía móvil, novedades informativas. Por lo que oigo, el gran tema de interés son las reacciones del Régimen. Declaraciones que, en lo que es un sentido no deseado por el emisor, provocan risa en los receptores.

Cola electoral. Un matrimonio habla con otro. El matrimonio a) ve la cosa como un triunfo. La señora no deja de decir que tiene “la pell de gallina”, ese ovíparo que, desde que fue domesticado en el Neolítico, no ha visto reconocidos muchos derechos. La sensación es que para a) esto ya es la pera, es el momento definitivo y sentimental de un proceso. El matrimonio b) opina que esto no es nada, pero que se tiene que hacer a falta de otra cosa. Los b) hablan de recortes. No dicen las cifras —7.000 millones, más otros 2.000 en los próximos—, pero explican a a) que no molan. El matrimonio a) opina que la culpa es de Madrid. El matrimonio b) dice que hay chorizos en todas partes, y habla de los Pujol. El matrimonio a) habla entonces de lo que comerán. Por lo visto, a) y b) se van a comer. Y, no es chiste, comerán callos a la catalana. Los callos a la catalana son como a la madrileña, pero sin chorizo. Esta sociedad, en fin, está acostumbrada a no reconocer los chorizos de cerca.

Cola en otro colegio. Coincido con un grupo de ancianos, llorosos, de los que salen por la tele diciendo que desde pequeños querían votar una consulta cómo esta —pregunta: ¿dónde se metieron desde el 77? ¿por qué votaron, posiblemente, lo contrario toda la vida?—. Al final de la cola, frente a la urna, hay una abuelita de Gràcia. No aparece en el censo y está colapsando la cola. EL CNI pone 1.000 abuelitas de Gràcia en 1.000 colegios electorales y supondría la primera victoria de la historia por guerra biológica. Por Twitter percibo un micro-fenómeno. Personas que cuelgan las papeletas con las que votarán. Son futuros votos nulos. Algo irrelevante, por otra parte, en una consulta que carece de sistema de recuento, en el que lo único valorable será la participación. Hay algunas muy bellas. Un señor se ha construido una papeleta en la que sale todo lo que quiere en un nuevo Estado. Ha marcado sí en las casillas “un Estat sense polítics corruptes”, y otro sí en “Un Estat sense problemas de nutrició infantil”.Lo que me remite a pensar, otra vez, en el objeto que estoy viendo. Me hago la pregunta del millón. ¿Esto es desbordamiento o, todo lo contrario, canalización del descontento hacia un pacto? En la duda llamo a Guillermo López, profe de Periodismo en la Universitat de València, y miembro de Lapaginadefinitiva.com, un grupo que, en cada comicio lo borda y ofrece previsiones y análisis certeros antes y después de los resultados. En las europeas, de hecho, fueron los únicos que acertaron con Podemos, esa cosa que el Régimen no ha aceptado aún a comprender. “Mira, con dos millones de votos, se podría decir que le habrá ido bien a Mas. Pero también, y más aún, que esto lo supera. Además, el Gobierno no podría seguir con su silencio, tendrá que hacer algún gesto. Y más si quiere conservar a un socio potencial”.

Y, posiblemente, esto es lo que he visto hoy. Un desbordamiento. Es decir, algo que supera el punto de vista del Régimen. Y que, por eso mismo, también es sensible de ser canalizado. Hoy empezará la batalla por canalizarlo. Se inicia una batalla por la interpretación de lo que ustedes y yo hemos visto, una batalla por establecer el significado, el marco interpretativo del 9-N.

Supongo que la batalla por establecer el marco, por saber si hay ganado un Govern o algo más amplio empezará en breve, en la primera rueda de prensa de Mas, cuando celebre el 9-N como Cristiano Ronaldo celebra los goles de penalti. Sobreactuando un mérito cuestionable.